Karl Popper, un filósofo con los pies en el suelo, por Jaume Navarro en unav.es

‘Siempre he sido un realista’. Esta frase está escrita por Karl Popper en 1974, en la introducción a Replies to my Critics1, para dejar clara su postura en el debate acerca del realismo. Sin embargo, si nunca es fácil delimitar el alcance exacto de los términos en el pensamiento de los filósofos, en el caso de Popper esta
dificultad se ve ampliada. En numerosas ocasiones se manifiesta totalmente contrario a dar definiciones, para no encorsetar al pensamiento. Y en cierta ocasión llega a decir que, “aunque estoy abogando (…) a favor del realismo (…), no pienso definir realismo ni realidad”2. Sin embargo, en este tópico Popper no tiene la
exclusiva de la vaguedad. Se podría decir que existen casi tantas definiciones de realismo como filósofos hay que traten de la cuestión. A modo de ejercicio podríamos acudir a diccionarios recientes de filosofía para comprobar que algunos de ellos prefieren no dedicar ninguna entrada al vocablo ‘realismo’ para centrarse en el debate entre realistas y anti-realistas3, diciendo que se trata “principalmente de direcciones, no de posturas”4, y para dejar claro que “casi todas las áreas de discurso pueden ser el foco de esta polémica: el mundo exterior, el pasado y el futuro, las otras mentes, los objetos matemáticos, la posibilidad, los universales, y las propiedades morales y estéticas son algunos ejemplos”5.

En este artículo me propongo delimitar un poco el realismo de Popper, para entender mejor el alcance de su postura. Para ello me centraré en los tres sentidos que, a mi juicio, son más relevantes: un realismo que se ha llamado ‘metafísico’, un realismo epistemológico y un realismo ‘de sentido común’. El primero consiste en la afirmación de que existe un mundo real, independiente de que haya alguien que lo conozca o no, y cuyo modo de ser es independiente de tal conocimiento. El segundo afirma que nuestro conocimiento de las cosas está
relacionado con el modo de ser de las cosas mismas; es decir, que nuestros conceptos y teorías no son meras construcciones subjetivas ajenas a la realidad del mundo exterior. Finalmente la tercera acepción, quizás menos académica, es de gran importancia para entender el planteamiento popperiano. Se trata del realismo como actitud sensata, realismo en el sentido de razonable.

 

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