La importancia de la literatura juvenil, por el tiramilla

A menudo me encuentro con reacciones un tanto peculiares cuando reconozco que leo literatura juvenil y, atención, me gusta. Hay personas que opinan que es un género menor y no entienden cómo puedo encontrarle algún interés después de haber descubierto las novelas adultas; otros reconocen abiertamente que les da tirria y cuando hago una recomendación entusiasta creen que se trata de una excepción; también los hay que rinden pleitesía a libros catalogados en la sección de adultos pero muy leídos por los adolescentes (como El nombre del viento) y luego apartan la vista cuando les recomiendo Los Juegos del Hambre. “Ah, esos libros juveniles que lees tú”, me dicen.

Sinceramente, no entiendo a qué se debe este rechazo. Comprendo que no todos tenemos que leer lo mismo; ahora bien, ¿por qué considerarla un género menor? En mi opinión, el papel de la literatura juvenil resulta importantísimo: se trata de la literatura de transición entre la infantil y la adulta, aquellos libros que el preadolescente empieza a descubrir cuando las novelas para niños se le quedan cortas y todavía es pronto para lanzarse a la sección de los mayores. Además, su papel en la vida de los jóvenes puede llegar a ser importante si logra inculcarles algún tipo de valor o sencillamente demostrarles que leer puede entretener tanto como ver la televisión o navegar por Internet. Por mucho que algunos leamos estas historias cuando ya hemos pasado esta etapa, nunca debemos olvidar su función primordial.

 

 

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